Películas preferidas (1)
Antes de empezar quería aclarar que en el anterior artículo terminé diciendo que no era más que un mero entretenimiento refiriéndome al blog, no al cine. Una vez aclarado el asunto vamos al meollo de la cuestión.
Tres pelis, primera de ellas "Réquiem por un sueño" (Requiem for a dream).

Dirección: Darren Aronofsky.
País: USA.
Año: 2000.
Duración: 102 min.
Interpretación: Ellen Burstyn (Sara Goldfarb), Jared Leto (Harry Goldfarb), Jennifer Connelly (Marion Silver), Marlon Wayans (Tyrone C. Love), Christopher McDonald (Tappy Tibbons), Louise Lasser (Ada), Keith David (Gran Tim), Sean Gullette (Arnold el psiquiatra).
Guión: Hubert Selby Jr. y Darren Aronofsky; basado en la novela del primero.
Producción: Eric Watson.
Música: Clint Mansell.
Interpretación cuartetos de cuerda: Kronos Quartet.
Fotografía: Matthew Libatique.
Montaje: Jay Rabinowitz.
Diseño de producción: James Chinlund.
Dirección artística: Judy Rhee.
Vestuario: Laura Jean Shannon.
Decorados: Ondine Karady.
Existen cintas que perduran largamente en la memoria del espectador y ésta es una de ellas. Sus imágenes quedan fijas por su gran fuerza, que cautiva la atención y a la vez repele por su crudeza. Sin embargo, una cosa es segura, nadie esta exento al poder abrumador, casi hipnótico, del extraordinario trabajo fílmico logrado por Aronosfsky y sus actores quienes recrean descarnadamente las debilidades humanas y sus terribles consecuencias. Por ello, Réquiem por un Sueño consigue de manera efectiva golpear duramente la conciencia del espectador y permanecer en su recuerdo.
Réquiem por un Sueño es un muy buen ejemplo del poder de expresión y creatividad del cine, ya que combina con maestría diferentes técnicas fotográficas con una narrativa visual impresionante, que junto a la música compuesta originalmente para esta película por Clint Mansell e interpretada por el cuarteto de cuerdas Kronos, potencian el efecto en el espectador al producir imágenes verdaderamente poderosas, acompañadas de una melodía simétrica, repetitiva y cautivante, que reviste a la mayoría de las escenas del film y ayuda a construir una fuerte carga emocional en las escenas cumbre. De hecho los famosos 25 minutos finales -invierno, con su efectiva edición de imágenes de cuatro historias en paralelo y tensión in crescendo- no tendrían el mismo efecto devastador sin este portentoso soundtrack.
Esta contundente penetración en la psique del espectador no es fortuita, pues de acuerdo a estudios del funcionamiento del cerebro y de cómo procesamos y/o almacenamos la información, se ha encontrado que la producción de ondas alfa en el cerebro -facilitadoras del aprendizaje y retención de eventos-, es estimulada por la audición de música simétrica, y el soundtrack de este film tiene precisamente ese atributo, por lo que ayuda significativamente a la retención de imágenes y su contexto. Esto hace que la experiencia de ver, sentir, asimilar y recordar esta película sea fascinante y predispone a que sea valorada por muchos como un nuevo clásico del cine.
La película es dura y aborda el problema de las adicciones, no sólo a drogas químicas en forma de fármacos y de sustancias ilegales, también se incluyen la adicción a la comida y a la TV. Dichas dependencias son generadas por los personajes para llenar su vacío existencial, con pleno desconocimiento del precio que habrán de pagar por ello.
La película se desarrolla a través de cuatro personajes principales y está dividida en cuatro etapas: primavera, verano, otoño e invierno, que marcan el planteamiento de los personajes y su eventual declive, donde cada uno termina en posiciones equidistantes, de absoluta soledad, muy diferentes a su sueño individual y sin posibilidades de redención. La manera en que transcurre la acción es cine puro. No se debe ni puede contar con palabras, aquí lo que importa es la imagen y la transmisión de estados de ánimo. Las reacciones que consigue en el espectador son asombrosas, su atención es totalmente capturada por las perturbadoras imágenes y el envolvente sonido.
Las actuaciones son de primera, especialmente la de Ellen Burstyn quien personifica a Sarah Goldfarb. El desempeño de los otros tres protagonistas Harry (Jared Leto), Marion (Jennifer Conelly) y Tyrone (Marlon Wayans) es extraordinario; en todos vemos el derrumbe paulatino de sus personalidades y el rompimiento de su sueño. Con ellos vivimos su angustia y marginación, para deambular por las oscuras sendas de la adicción y la desesperanza.
Es tanta la humillación mostrada en pantalla que sólo sientes un cierto alivio cuando casi al término de la cinta, Aronofsky retoma la humanidad de sus personajes, en la escena donde dos amigas de Sarah ven con asombro su estado en la sala de visitas de un hospital. La mirada de ellas -específicamente la de Ada- dice más que mil palabras, además de la última escena del filme, donde Sarah encuentra un poco de paz inmersa en la locura, pero como una persona digna. Es ahí donde la película da un golpe certero al corazón del espectador, al apelar a su sentido de compasión e invitarlo a unirse al Réquiem por un Sueño no alcanzado, porque en la condición humana, aún en la degradación, se tiene derecho a uno.
Aronofsky es el director de otra gran película como es "Pi. Fe en el caos" y si vais a esta página http://www.ociojoven.com/article/articleview/956101/1/5/ dan una pequeña información sobre su tercera película, "The Fountain", que aquí en España se estrenará en primavera y que desde luego no pienso perderme.

miridy dijo
Lo mejor que yo he visto son los cortos ineditos de santiago segura.
23 Enero 2006 | 09:16 PM